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	<title>Comments on: LOS ALBAÑILES</title>
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	<description>Cineteca, Videoclub</description>
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		<title>By: Juan José González Mejía</title>
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		<dc:creator>Juan José González Mejía</dc:creator>
		<pubDate>Thu, 30 Jul 2009 04:57:42 +0000</pubDate>
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		<description>LOS ALBAÑILES

Juan José González Mejía

El IMCINE (Instituto Mexicano de Cinematografía) se ha echado la tarea a cuestas de sacar en DVD películas mexicanas poseedoras de sobrada solvencia artística como Canoa, El apando, Cadena perpetua, El lugar sin límites, Los albañiles, La pasión según Berenice, Cabeza de Vaca, entre muchas otras.
	Una de ellas, Los albañiles/1974, dirigida por Jorge Fons, destaca por su irreprochable honestidad intelectual. Al decir lo anterior me refiero a la puesta en escena apartada de manierismos y modas. 
	Jorge Fons (Tuxpan, Veracruz, 1939) es un director que filma muy espaciadamente. Reposado y concreto en la selección de sus largometrajes, Fons es responsable de dos trabajos harto conocidos (y reconocidos en el extranjero): Rojo amanecer/1989 y El callejón de los milagros/1993, aunque el mejor Fons, sin duda alguna, se encuentra en ese portento fílmico que es el segmento Caridad, incluido en Fe, esperanza y caridad/1972.
	Poseedor de un talento poco común para recrear el habla popular (al igual que Alejandro Galindo, director de ¡Esquina bajan!/ 1948), Fons ha demostrado también ser un eficaz director de actores. En Los albañiles (basada en la novela de Vicente Leñero) lo que vemos, amén de su calidad narrativa, es un inmejorable festín de actuaciones: Ignacio López Tarso, José Carlos Ruiz, Salvador Sánchez, Kathy Jurado y un sorprendente Adalberto Martínez Resortes diciendo las palabrotas de su vida.
	El asesinato de Sánchez (López Tarso), uno de los albañiles que laboran en la construcción de un edificio bajo las órdenes de un junior arquitecto inepto (José Alonso), desata una serie de especulaciones sobre quién será el homicida. En manos de otro director rutinario, ese hubiese sido el punto central del relato fílmico. Sólo que para Jorge Fons apenas es una referencia de partida para ofrecer varias miradas sociales y antropológicas.
	Cada albañil tiene su microcosmos que es, a la manera sartreana, el infierno de los otros y el suyo propio. Personajes enajenados por la miseria, la reminiscencia cristiana de la culpa, la corrupción y los avatares de un destino sórdido y torcido, hacen de Los albañiles un fresco fílmico autónomo de la obra literaria de Leñero (cosa insólita en cualquier cinematografía que adapta un texto literario).
	Desde el ciego (Miguel Inclán) de Los olvidados (Buñuel/ 1950), en el cine mexicano no se había esbozado un personaje libre y genuino como el de Sánchez: bruto, adicto, ladrón, pederasta. De la mano de Fons este personaje es una especie de Virgilio que nos conduce a submundos habitados por seres muertos ante las expectativas sociales. La construcción del edificio persiste como una metáfora anti Amado Nervo (“que yo he sido el constructor de mi propio destino”) donde se asoman otros derrumbes: la de la moral, el resquebrajamiento de la ley, la amputación de la psiquis.
	Con Los albañiles Jorge Fons da una lección a cineastas como Arturo Ripstein y Gabriel Retes: para bucear en personajes escatológicos y sórdidos no hace falta caer en el barroquismo (recargamiento) ni en secuencias de repulsión; basta acudir al espíritu del relato: el tratamiento y la LIBERTAD  de los personajes. Es decir, contradecir a Cesare Pavese (“el escritor debe estar por encima del texto”): ponerse por debajo de cada personaje, de la película misma incluso, pero siempre con la lente en el mejor lugar posible...</description>
		<content:encoded><![CDATA[<p>LOS ALBAÑILES</p>
<p>Juan José González Mejía</p>
<p>El IMCINE (Instituto Mexicano de Cinematografía) se ha echado la tarea a cuestas de sacar en DVD películas mexicanas poseedoras de sobrada solvencia artística como Canoa, El apando, Cadena perpetua, El lugar sin límites, Los albañiles, La pasión según Berenice, Cabeza de Vaca, entre muchas otras.<br />
	Una de ellas, Los albañiles/1974, dirigida por Jorge Fons, destaca por su irreprochable honestidad intelectual. Al decir lo anterior me refiero a la puesta en escena apartada de manierismos y modas.<br />
	Jorge Fons (Tuxpan, Veracruz, 1939) es un director que filma muy espaciadamente. Reposado y concreto en la selección de sus largometrajes, Fons es responsable de dos trabajos harto conocidos (y reconocidos en el extranjero): Rojo amanecer/1989 y El callejón de los milagros/1993, aunque el mejor Fons, sin duda alguna, se encuentra en ese portento fílmico que es el segmento Caridad, incluido en Fe, esperanza y caridad/1972.<br />
	Poseedor de un talento poco común para recrear el habla popular (al igual que Alejandro Galindo, director de ¡Esquina bajan!/ 1948), Fons ha demostrado también ser un eficaz director de actores. En Los albañiles (basada en la novela de Vicente Leñero) lo que vemos, amén de su calidad narrativa, es un inmejorable festín de actuaciones: Ignacio López Tarso, José Carlos Ruiz, Salvador Sánchez, Kathy Jurado y un sorprendente Adalberto Martínez Resortes diciendo las palabrotas de su vida.<br />
	El asesinato de Sánchez (López Tarso), uno de los albañiles que laboran en la construcción de un edificio bajo las órdenes de un junior arquitecto inepto (José Alonso), desata una serie de especulaciones sobre quién será el homicida. En manos de otro director rutinario, ese hubiese sido el punto central del relato fílmico. Sólo que para Jorge Fons apenas es una referencia de partida para ofrecer varias miradas sociales y antropológicas.<br />
	Cada albañil tiene su microcosmos que es, a la manera sartreana, el infierno de los otros y el suyo propio. Personajes enajenados por la miseria, la reminiscencia cristiana de la culpa, la corrupción y los avatares de un destino sórdido y torcido, hacen de Los albañiles un fresco fílmico autónomo de la obra literaria de Leñero (cosa insólita en cualquier cinematografía que adapta un texto literario).<br />
	Desde el ciego (Miguel Inclán) de Los olvidados (Buñuel/ 1950), en el cine mexicano no se había esbozado un personaje libre y genuino como el de Sánchez: bruto, adicto, ladrón, pederasta. De la mano de Fons este personaje es una especie de Virgilio que nos conduce a submundos habitados por seres muertos ante las expectativas sociales. La construcción del edificio persiste como una metáfora anti Amado Nervo (“que yo he sido el constructor de mi propio destino”) donde se asoman otros derrumbes: la de la moral, el resquebrajamiento de la ley, la amputación de la psiquis.<br />
	Con Los albañiles Jorge Fons da una lección a cineastas como Arturo Ripstein y Gabriel Retes: para bucear en personajes escatológicos y sórdidos no hace falta caer en el barroquismo (recargamiento) ni en secuencias de repulsión; basta acudir al espíritu del relato: el tratamiento y la LIBERTAD  de los personajes. Es decir, contradecir a Cesare Pavese (“el escritor debe estar por encima del texto”): ponerse por debajo de cada personaje, de la película misma incluso, pero siempre con la lente en el mejor lugar posible&#8230;</p>
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